21 de agosto de 2010


Las personas, como seres egoístas, creemos inocentemente que solo podemos enamorarnos los unos de los otros. Y como casi siempre, nos equivocamos. Hace un par de años, quizá tres, yo me di cuenta de que llevaba enamorada toda mi vida, y no precisamente de un ser semejante a mi persona. Sino de un lugar. Soy de esas que creen que en el mundo hay un lugar para cada uno, y que la mayoría de las veces, no ocupamos el que nos corresponde. Leemos, observamos, y si podemos, viajamos buscando ese rincón especial en dónde sentirnos afortunados. Yo he tenido la suerte de visitar otras ciudades e incluso otros países. Supongo que New York es de esas que no olvidas fácil, de hecho, ambas sabemos que no voy a olvidarla nunca por diversas razones. Roma, Londres. Madrid. Hay muchas y muy grandes, pero sobre todo muy parecidas en su esencia. Es precisamente en esto último en lo que se diferencia el sitio del que acabo de llegar.

Si lo buscaramos en un mapa, probablemente tardaríamos años en encontrarlo, y cuándo lo hiciéramos, con tan solo un milímetro de uña lograríamos taparlo. Sin embargo, y a pesar de todo, hay ámbitos dónde el tamaño no es lo importante.
Lo he definido siempre como un mundo totalmente distinto. Ha sido el punto exacto dónde hacer miles de cosas, y de todas ellas, la más importante ha sido crecer. Yo creo que uno nunca olvida dónde aprende a andar en bici. Es un lugar que ha sabido siempre camelarme de una forma única, haciéndo que me sintiese en mi casa, y que en algun momento desease vivir allí eternamente. Pero nunca lo he hecho. He disfrutado de él en pequeñas dosis.
Le define su olor. Su silencio. Sus grandes campos. Las campanas y el ring ring del timbre de la bicicleta. Sobre todo, las personas que allí he conocido. Lo queramos o no, las personas consiguen hacer que un lugar sea doblemente especial, o especialmente horroroso. Estoy segura de que todos tenemos ese rincón especial en alguna parte del mundo, con el que cogeniamos de una manera única. Yo ya lo he encontrado. Mucha suerte.

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